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Criptosporidiosis bovina: causas, síntomas y tratamiento en terneros

Actualmente, la criptosporidiosis bovina es una de las patologías intestinales de mayor importancia en rumiantes neonatos por su elevada prevalencia y por producir pérdidas importantes en el desarrollo. En Chile es una patología endémica que se presenta con alta morbilidad y moderada mortalidad, asociándose a bacterias, virus y otros parásitos particularmente en rumiantes lactantes.

La enfermedad está causada por el protozoo Cryptosporidium parvum en el 80% de los casos, aunque hay infecciones que son producidas por C. bovis, C. ryanae, C. andersoni, dependiendo de las condiciones geográficas.

Uno de los primeros síntomas de la enfermedad, es la disminución del apetito que muestran los bovinos lactantes, que incluso puede llegar a convertirse en anorexia. Además, es posible encontrar depresión, dolor abdominal, diarrea pastosa y amarillenta con presencia de mucosidad.


El daño intestinal generado por el patógeno va desde la destrucción de las microvellosidades hasta su atrofia. Lo que trae consigo una disminución importante en la absorción de nutrientes y conlleva a una prolongación de la signología clínica. Como consecuencia, se genera un retraso en el desarrollo y menor ganancia de peso, lo que puede ocurrir incluso en animales subclínicos.


Dado que la criptosporidiosis es una enfermedad autolimitante, las manifestaciones clínicas pueden disminuir entre la tercera y cuarta semana de vida del animal. Este hecho no implica que no exista una excreción de ooquistes —pequeños huevos del parásito del Cryptosporidium parvum que las vacas excretan en sus heces—, sino que el ternero logra generar inmunidad local para contrarrestar el efecto del parásito y comenzar la regeneración de los enterocitos.

Existe evidencia que muestra que la criptosporidiosis se encuentra fuertemente asociada a otros patógenos gastrointestinales. En ese sentido, un análisis de los diagnósticos realizados en el Reino Unido (2007-2011) sobre su forma de presentación, indicó que en el 37% de los casos, el protozoo actuaba por su cuenta, pero que en el 20% se encontraba ligado a patógenos como E.coli, coronavirus, rotavirus y Eimeria spp.

A esto se suma, un estudio transversal (2008-2013) que reveló en terneras lactantes: Giardia bovis (43,4%), Eimeria spp. (15,7%) y Cryptosporidium spp. (40,3%). Por otro lado, en casos de salmonelosis concurrente con criptosporidiosis, un estudio de monitorización anual en Irlanda (2019), demostró que el rotavirus es la causa más importante de diarreas (32,5%), encontrándose también Cryptosporidium spp. (15%), Campylobacter jejuni (11,7%), Giardia spp. (4,4%), Salmonella enterica subspecies enterica serovar Dublin (S. Dublin) (1,7%), E. coli K99 (1,4%) e incluso coronavirus (0,6%). Cabe señalar que las asociaciones con Eimeria spp. y Giardia bovis, también son muy frecuentes.

En bovinos lactantes, la infección con Cryptosporidium spp., se produce en el nacimiento, durante el parto o en el entorno del área del parto. La cantidad mínima de ooquistes necesarios para producir manifestaciones clínicas es de 25 ooquistes/animal.

Posteriormente, pueden contraer la enfermedad por:

  • Contacto directo
  • Contacto entre terneros (Oral-fecal)
  • Fómites (instrumentos, herramientas, etc)
  • El propio ser humano como vector pasivo
  • (mecánico) de importancia (Vázquez-Flores, S., 2011)
  • El ciclo biológico es directo, se completa en un único hospedador y la transmisión es fecal-oral.
  • Parasita principalmente al intestino delgado (yeyuno e íleon).
  • Ooquistes esporulados se eliminan en las heces (infectantes).
  • La principal fuente de infección para los rumiantes son los animales neonatos con diarrea (eliminan gran cantidad de ooquistes).
  • Los rumiantes adultos actúan como portadores asintomáticos y pueden ser una fuente de infección.
  • La infección también puede ocurrir a través de agua y alimentos, e indirectamente por medio de fómites contaminados con ooquistes.

En general, se sospecha de la enfermedad en rumiantes por la presencia de una diarrea intensa. La confirmación de la presencia del protozoo Cryptosporidium spp. en el hospedero es a través de la detección de los ooquistes en las deposiciones a través de variadas técnicas.


Actualmente, existen diferentes métodos para la detección de ooquistes de Cryptosporidium, como lo son la tinción de Ziehl – Neelsen y la de Auramina. Por otro lado, mediante la microscopía de fluorescencia, los ooquistes son fácilmente diferenciados.

Otras técnicas diagnósticas como la aglutinación en látex, la inmunofluorescencia indirecta (IFI), el ELISA de inmunocaptura de antígenos parasitarios en las heces, también son alternativas eficaces para el
diagnóstico.

Los inmunodiagnósticos in situ para detectar coproantígenos se están introduciendo gradualmente en el diagnóstico de rutina, principalmente para procesar elevadas cantidades de muestras. Recientemente se
han desarrollado distintos protocolos moleculares usando la Reacción de la Polimerasa en Cadena (PCR), que constituye el mejor método diagnóstico; quedando demostrado en diferentes estudios que el ensayo molecular tiene una sensibilidad del 100%, mientras que la técnica de ELISA, muestra valores de sensibilidad y especificidad superior al 90%.

Un punto importante a destacar, es que la excreción de los ooquistes de Cryptosporidium spp., no es diaria, por lo que un solo diagnóstico, ya sea en terreno, con pruebas de inmunodiagnósticos o en el laboratorio, no siempre será representativo de la realidad biológica. En ese contexto, la mejor edad
para determinar la presencia del parásito en terneros, es entre los 6 y 15 días de vida, con el sistema de inmunodiagnóstico in situ.


También es posible encontrar oocistos en adultos bovinos en forma subclínica y en el ganado bovino joven de cualquier edad, los cuales se eliminan por millones en las deposiciones. Asimismo, durante el período de periparto en vacas, se incrementa la excreción de oocistos. Por lo mismo, la contaminación del área de partos es constante, sobre todo cuando cuentan con un deficiente nivel de higiene.

Como se analizó con anterioridad, no es sencillo diagnosticar Cryptosporidium spp., debido a que la eliminación de los ooquistes ocurre de manera irregular, una situación que también genera dificultades para determinar el inicio del tratamiento. Junto a estas complicaciones, los ooquistes además poseen paredes celulares fuertes, que los vuelven resistentes a la influencia externa.


Hoy en día, las opciones terapéuticas para tratar la criptosporidiosis son limitadas. De todas maneras, se puede encontrar una amplia cantidad de información científica respecto al uso de sulfato de paromomicina (Parofor® Crypto), como tratamiento metafiláctico y terapéutico en rumiantes, así como del lactato de halofuginona como tratamiento metafiláctico.

  • Una adecuada hidratación ya sea por vía oral o parenteral es clave para la recuperación y mejor respuesta al tratamiento.
  • La higiene es fundamental en la prevención de la infección y se debe asegurar incluso antes de que nazca el ternero. El área de parto debe estar limpia y se debe disponer de pajaseca. Si la vaca necesita ayuda obstétrica, es necesario contar con materiales que hayan sido correctamente desinfectados. La higiene del personal (ropa de trabajo limpia y manos desinfectadas), también es crucial.
  • Luego del nacimiento del ternero, es importante que este sea ubicado rápidamente en un ambiente limpio con el objetivo de reducir el riesgo de infección a través de fecas de la vaca. De hecho, aislar a los terneros de forma individual durante las primeras semanas, disminuye el riesgo de contagio con otras vaquillas.
  • Finalmente, se aconseja administrar a los bovinos lactantes una cantidad suficiente de calostro de alta calidad y de forma oportuna, con el fin de garantizar un mejor estado inmunológico en el animal y con ello aumentar sus defensas para afrontar las criptosporidiosis y otras enfermedades.

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